La revolución del sentido común. Una visión Txuri Urdin.

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Recién llegado de las mágnificas instalaciones de Zubieta XXI, cuartel general del trabajo de formación de la Real Sociedad SAD, dónde he asistido a una nueva edición de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco que organiza con éxito Mikel Etxarri y su equipo, hago un somero repaso a lo aprendido y constato que hay esperanza. La esperanza de que al fútbol empiece a volver el sentido común.

Me explicaré. Una de las ponencias, la del Director Deportivo del Fútbol Base, Luki Iriarte Etxebarría, me llamó especialmente la atención. Quizás la de menos contenido estrictamente técnico,-por cierto, altísimo nivel de los ponentes; el propio Maestro Etxarri, Xavi Ferrando, Rubén de la Barrera, Ricardo Duarte-, escondía un mensaje de carga de profundidad en lo que, desde hace un tiempo, venimos utilizando como “apropiado” en el ámbito de la formación de jóvenes futbolistas, cuando se trata de hablar de metodología de entrenamiento, de filosofía de trabajo en definitiva.

El modelo de éxito del F.C. Barcelona, digámoslo ya, es un modelo que ha contribuido de forma decisiva a la concepción que tenemos del juego. Sin ningún género de dudas. Se ha utilizado como guía y se ha tomado como referencia obligada para clubes de todo el mundo, avalado por los enormes réditos en forma de triunfos y, especialmente, por la manera de conseguirlos. El juego de posición, el buen trato de balón, la salida lavolpiana y sus variantes, las incorporaciones desde atrás de los laterales, el defender con la posesión, la concepción solidaria desde el talento y la presión tras pérdida, han sido los catecismos que todos hemos leído. El “damos un paso adelante cuando la perdemos y uno atrás cuando la tenemos” del Maestro Joan Vilà, es de obligado conocimiento para cualquier entrenador, sea de fútbol formativo o de cualquier otro escalafón.

Casi con la misma veneración que hemos profesado al modelo de formación de futuros futbolistas, hemos ido señalando con el dedo primero y condenando a la hoguera después, cualquier tipo de variación sobre lo que, a estas alturas, podríamos denominar un “dogma formativo”.

Importante para mí hacer una salvedad. De esa situación no podemos culpar al F.C. Barcelona, ni a sus responsables. Ellos siguen un modelo de éxito en el que creen y tienen sólidos argumentos para seguir creyendo. Siguen lo que les ha llevado a subir a pasos agigantados en todos los escalafones del prestigio internacional en el planeta fútbol. ¿Para qué van a plantearse siquiera que existan otras vías?. No son ellos los que han obligado a nadie a formar de una manera concreta ni son ellos quienes han decidido que los demás les copien.

Los responsables somos todos los demás.

He asistido a numerosos encuentros técnicos con compañeros nacionales e internacionales que están encargados de algo tan importante como construir capacidades futuras, e invariablemente todos proponen un modelo clocado del F.C. Barcelona, con más o menos gracia, todo hay que decirlo. Al menos eso es lo que dicen y presentan en elaborados PowerPoints. La organización, la parcelación, la segmentación por niveles y edades, las estructuras de los diferentes microciclos, macrociclos y mesociclos, la estructura de la sesión, los objetivos cognitivos, los objetivos coordinativos, los condicionales. Desde el estructuralismo del Maestro Seirul.lo a los contenidos de la sesión. Todo.

Y, en estas, aparece una voz modesta, se diría que incluso tímida, con un ligerísimo acento del norte y dice “nosotros lo hacemos diferente”. La voz de un club vasco, que trabaja con chicos y chicas de una provincia con los mismos habitantes que dos ciudades importantes como Cornellà y Hospitalet, en el cinturón de Barcelona.

Una revolución, a veces, sólo necesita de una persona que diga “¿por qué?” o, mejor aún, de una persona que diga “no”. Quién dice una persona dice un club, llevado a lo que nos ocupa.

“Nosotros integramos a nuestra visión las diferentes situaciones que se dan en el juego. Por eso, y por que el juego no siempre va a ser de una determinada manera, en la que nos vamos a enfrentar a rivales de un sólo tipo, adiestramos a nuestros jugadores en situaciones de contraataque o de ataque rápido o de juego directo, si el partido, el rival o las circunstancias lo sugieren”, dice con naturalidad Luki Iriarte. Y remacha el argumento de una manera irrefutable: “No nos podemos permitir el lujo de escoger un sólo tipo de talento”. Sentido común, aplicada a una realidad distinta a la realidad de otros modelos.

Eclepticismo?, adaptación?, evolución?. No, yo creo que revolución. La revolución del sentido común.

Quienes defienden a la vez que el juego es un todo pero demonizan a quienes no siguen un determinado método o estilo o modelo, en realidad están rechazando que el fútbol sea un “todo” y sólo quieren que sea “su todo”. Si el fútbol es holístico, ¿por qué debemos restringirlo, acotarlo, reducirlo?. Peor aún, fotocopiarlo. Si observamos que cada vez se desborda menos con el regate, si sabemos que en muchas ocasiones un partido se decide por una “peinada” del delantero que deja sólo al que se incorpora de segunda línea, ¿por qué no lo entrenamos?. ¿Dónde está escrito que haya que hacerlo de una única forma?.

Quizás Luki y su gente no lo sepa nunca, pero en mí han ganado un admirador. Ojalá un día tenga el tiempo y la ocasión de conocer un poco mejor esa propuesta tan valiente que lidera un club modesto, un club vasco. Un club Txuri urdin. Eskerrik asko eta zorte ona.

Enlace a la web de la Real Sociedad SAD http://www.realsociedad.com

 

De lo estático y lo dinámico

2015-06-17 12.13.10

Uno de los primeros conceptos que un aficionado debe descifrar para entrar en el club de los que “saben de fútbol” es el llamado sistema de juego. Quién entiende lo que es un 1-4-4-2, en línea o en rombo, un 1-4-3-3, un 1-4-1-4-1, y todos los demás, ya cree descifrar gran parte del misterio. Asignamos virtudes a un determinado sistema y lo hacemos más o menos ofensivo/defensivo en función de su dibujo. Nos quedamos en lo espacial. Nos quedamos en lo estático. Me explicaré.

El sistema de juego hace referencia a la distribución racional de los 11 jugadores en el espacio, en el terreno de juego. El terreno de juego,-que puede variar y mucho reglamentariamente-, pero que en los campos de primer nivel está en los 6.500-7.100 metros cuadrados. En el Bernabéu o en el Camp Nou, que ambos tienen las mismas dimensiones (68×105 metros), se podría parcelar 89 apartamentos de 80 metros cuadrados. Parece un espacio bastante amplio, como para obligar a un equipo a tener que organizarse. El sistema tiene que satisfacer necesariamente una premisa; cubrir de manera racional el mayor espacio posible. Como además hemos convenido a que existen, al menos, cuatro líneas (portería, defensa, media y delantera), la manera más académica de distribuir racionalmente a los jugadores es haciendo referencia a cuántos de ellos han de estar en una u otra línea, portero al margen claro está.

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Esa “foto” sirve para las previas de los partidos, para simplificar conceptos y llevarlos al consumo mediático y para ser el punto de apoyo de lo importante, que en mi opinión es lo dinámico. Y lo dinámico no es otra cosa que las consignas específicas que un equipo recibe para pasar a la dimensión espacio-tiempo. Ya está el balón en juego. Ya hay que adecuarse a la posición del mismo, a la posesión o no del mismo. Debemos trasladar al equipo una idea de qué hacer cuando la tenemos (fase ofensiva), de qué hacemos si no la tenemos (fase defensiva) y qué hacer cuando se da una transición de tenerla a perderla o de no tenerla y recuperarla (transición ataque-defensa y transición defensa-ataque). Esas consignas, que hemos llamado comportamiento táctico, juego colectivo, incluso estilo de juego o modelo de juego, ya puestos a mezclarlo todo y liar al personal a nivel terminológico.

Se trata pues de, más que saber qué sistema de juego ha escogido un equipo,-propuesta estática-, saber qué comportamiento va a mostrar ese equipo cuando el balón esté en juego, -propuesta dinámica-.

Se podría aceptar que una y otra tienen relación. Claro está que no se puede hacer abstracción de la distribución estática, por la sencilla razón de que le vamos a asignar un comportamiento concreto a un jugador que ocupa una parcela concreta del campo, pero lo sustantivo es lo que le pedimos al jugador, mucho más de en qué zona vaya a estar previsiblemente. Que el Barça sea muy ofensivo no lo da solamente que su propuesta sea un 1-4-3-3, que también, sino que desea tener el balón el mayor tiempo posible, por tanto estar en fase ofensiva, que sus laterales sean profundos, que no duden sus centrales en conducir hasta encontrar oposición para dividir y saltar líneas de presión o que los dos interiores lleguen al área con mucha frecuencia.  En cambio el Celta, el Villarreal, incluso el Real Madrid, con esquemas idénticos, no ofrecen la misma propuesta. Como siempre, las cualidades individuales de los jugadores son determinantes. Y la propuesta dinámica, lo más importante.