Maradona, ángel y demonio

http://youtu.be/9AQrLxWnXWs

El 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona hizo el partido más trascendente de su carrera. La selección albiceleste, la selección de Argentina, ganó 2-1 a Inglaterra, en cuartos de final del mundial de Mexico 86′. Un mundial del que acabó proclamándose campeón.

Los dos goles los marcó el Pelusa. Uno de ellos, el primero, paradigma de la trampa, de la astucia o la pillería, según se quiera ver. Una incursión por el centro de la defensa inglesa, un rechace desafortunado de un defensa, una salida de puños del meta inglés Peter Shilton, una figura menuda que parece adivinar hacia dónde va a ir el balón. Un salto en desventaja, un extraño del balón y… Gol…!!!, 1-0 en el minuto 51.

Tan sólo tres minutos más tarde pasó esto:

“Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos. Pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial… Y deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio!… tá’-tá’-tá´-tá’… ¡Goooool! ¡Gool! ¡quiero llorar! ¡Dios Santo! ¡viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diegol! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme. Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés? Para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina. Argentina 2, Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona. Gracias Dios por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 Inglaterra 0.”

Victor Hugo Morales

Ese hombre, el Maestro Morales, destiló en sus lágrimas, las lágrimas de un país entero. Maradona les dió la revancha de una amargura espesa y negra como la noche más fría y más negra que sus soldados debieron vivir, tan sólo cuatro años antes, cuando rindieron las Islas Malvinas, a los ingleses. A esos mismos ingleses que se miraban desconcertados ante lo que acababan de sufrir; la humillación de un jugador chiquito, hábil como nadie, rápido y atrevido, listo hasta rabiar. Víctimas de un genio.

Gary Lineker marcó el 2-1, en el minuto 81. Cuando el tunecino Ali Bennaceur pitó el final, mandó a los ingleses a su casa, a la Argentina a semis para enfrentarse a Bélgica y a Maradona a los altares del fútbol mundial y al olimpo del deporte argentino. Aunque el Pelusa ha bajado muchas veces de altares y olimpos, se ha hecho humano y ha besado el barro de todos los errores que un hombre puede cometer, nadie en su país olvidará aquel memorable partido contra los hijos de Su Graciosa Majestad.

Ni yo tampoco.

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