Formación de formadores vs formación de entrenadores

Archivo 19-6-15 10 22 13La imagen de portada de esta entrada, corresponde a una noticia de la edición de La Vanguardia de Barcelona del 24 de julio de 1922. Casi cien años nos contemplan. En ella se detallaba el contenido del curso de entrenadores de la Federación Alemana de Fútbol (DFU). Claro está que, desde aquel tiempo, la formación de los entrenadores ha ido evolucionando.

Hoy, en nuestro entorno, coexisten diversos modelos de formación. Por una parte, para aquellos que han sido jugadores profesionales, la RFEF ofrece una formación “ad hoc”, consistente en tres periodos de pocas semanas, equivalentes cada uno de ellos a un curso por nivel. El resultado es que, en menos de un año académico, nuestros ilustres colegas tienen en su bolsillo el título de entrenador nacional, con la capacitación profesional legal para dirigir cualquier equipo de cualquier categoría, en cualquier país UEFA, con la virtualidad de poder hacerlo en cualquier parte del mundo.

Para aquellos que no han destacado en la práctica activa del noble oficio de dar patadas a un balón, en España tenemos dos modelos de formación, que para no iniciados vamos a denominar “académico” y “federativo”. El primero se compone de cuatro bloques formativos; bloque común, bloque específico, bloque complementario y bloque de formación práctica. Todo ello coronado con un proyecto de grado, antes de finalizar el tercer nivel, que capacita para entrenar en cualquier categoría de nuestro deporte. La formación académica habilita, con la consecución del Grado Superior en Deporte, especialidad fútbol, para dar clases, -a otros entrenadores, por ejemplo-, aunque este último extremo se ha visto modificado por una reciente orden ministerial, que obliga a los docentes a culminar con éxito una nueva titulación, la de Formación Pedagógica y Didáctica, también llamada CAP. La convalidación por parte de la RFEF, otorga el título de entrenador nacional y hasta la temporada pasada, conlleva la licencia UEFA PRO, para aquellos que vayan a desarrollar su trabajo en países UEFA. Este último extremo está siendo combatido por algunas entidades que entienden que no se pueden contravenir preceptos legales de ámbito superior, como los acuerdos de Schengen, que regula la libertad de tránsito. Ya hablaremos de este tema con más detalle en otra ocasión.

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La otra posibilidad para formarse como entrenador en nuestro país, es acudir a la federación de fútbol de cada territorio y seguir los cursos, presenciales, “on-line” (a distancia) o intensivos que se van ofertando. Tras superar los diferentes niveles, empezando como monitor, pasando por entrenador de base o de nivel I (que habilita hasta categoría juvenil de liga nacional), entrenador regional o de nivel II (que, en el caso de Cataluña, permite entrenar hasta primera catalana) y acabando con el entrenador nacional o de nivel III, que concede la licencia para entrenar hasta en categorías profesionales.

El trámite formativo para este amplio colectivo de personas que desean ejercer su profesión, sin haber sido jugadores profesionales previamente, ha estado sujeto a innumerables cambios, reformas, aluviones normativos de todo género, pero, a fuer de ser sinceros, ha ido perfeccionando un sistema de mejora continua, con aciertos y errores pero con una mejora sustantiva incuestionable.

Quizás la reflexión que deberíamos hacer como colectivo es que, ya que la inmensa mayoría de banquillos de nivel profesional van a estar ocupados, -como lo están ya-, por ex-jugadores y, como consecuencia de ello, la inmensa mayoría de titulados vamos a ejercer nuestro trabajo en categorías modestas, de rango superior en segunda b o tercera con mucha suerte, con problemáticas radicalmente distintas a las del nivel top de nuestro deporte, quizás sería conveniente una revisión en profundidad del plan de estudios. Para aquellos que vayan a desarrollar su función en el llamado “fútbol base” o “fútbol formativo”, mi opinión es que deberíamos favorecer otro tipo de formación, más cercano a la formación de los Maestros en Educación Física (MEF). No veo qué diferencia, en términos de responsabilidad, de transmisión de valores, de comportamiento pedagógico, deba tener un maestro de primaria y un entrenador de alevines. No la veo y no la debería haber. Salvo que queramos “jugar a ser Guardiola” con niños de Monistrol de Calders, de Can Parellada o de Puerto Malagueño, por poner tres ejemplos, cercanos a mí en lo anímico.

Si nosotros no prestigiamos nuestra profesión, no esperemos que nadie venga a hacerlo.

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