Balones y valores

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Lo más sustantivo, lo más importante y lo más trascendente del fútbol no está a la vista. Generalmente no ocupa portadas. En ocasiones, pocas, se incluye algún artículo suelto en páginas interiores, casi como relleno de semanas de poca tensión competitiva en la élite. No aparece en los grandes estadios, cada vez más lujosos, más espectaculares, más construidos pensando en el espectáculo mediático que es el fútbol profesional. Lo más elevado, en lo pedagógico y en lo cultural, no está en una jugada memorable, en un gol por la escuadra, ni en una polémica que dura días, quizás semanas. No es el recuento enfermizo de títulos, ni la consecución de campeonatos.

Lo más importante son las ilusiones de millones de niños y niñas en todo el mundo. Ese es nuestro capital, nuestro tesoro y la razón última de que seamos muy vigilantes y muy exigentes en lo que les ofrecemos todos aquellos que formamos parte del fútbol.

En la actualidad, la práctica del deporte está institucionalizada. Se favorece, se estimula, se invierte en instalaciones, en formación de entrenadores, en competiciones. En el fútbol y en muchos otros deportes. Además de ello, la oferta de ocio es muy rica; se puede hacer teatro, danza, actividades plásticas de todo tipo. Las niñas y niños occidentales tienen ante sí una amplia oferta de aficiones y actividades para tomar su primera decisión importante en la vida; ¿Qué hago al salir del cole?, ¿Qué deporte practico?, Quiero jugar a fútbol. Es la primera decisión importante que toma, por que ni ha escogido la familia ni puede decidir si va al colegio o no, ya que la escolarización está impuesta por los usos sociales.

Cuando el niño o la niña llega al fútbol debemos ofrecerle un entorno en el que se puedan desarrollar sus aptitudes. Claro que debemos trabajar en sus fundamentos técnicos y coordinativos. Por supuesto que debemos ayudarle a entender el juego, trabajando en su construcción cognitiva, a medida que va avanzando en su propia madurez mental. Es adecuado y sano, exigible incluso, que le dotemos de hábitos físicos que le acompañen a lo largo de su vida, más allá de que consiga destacar o no, de que siga practicando nuestro deporte u otro.

Pero la parte más importante sigue sin mostrarse. Ni se evalúa, ni se mide. No hay clasificaciones de integración ni campeonatos de solidaridad. No hay ligas de respeto, ni de cooperación con los demás. No existe un trofeo al jugador o jugadora que más ayuda a sus compañeros. Creemos que les enseñamos a jugar, cuando jugar forma parte de su concepción de la vida, cuando en realidad les estamos enseñando a competir. Competir para destacar, para ganar, para ser reconocidos y muy especialmente, para calmar ese monstruo interno, tan difícil de conformar, llamado ego. Si, ego de entrenador, ego de coordinadorego de presidente, ego de directivo.

El fútbol debe cambiar. Hay muchas cosas por mejorar, desde abajo. Hay que ser valientes, atrevidos, innovar en los usos y costumbres. Debemos erradicar la violencia, cualquier expresión de violencia. Debemos mejorar la formación humana de los formadores. Sin olvidar la técnica, claro está, pero la humana por delante. Debemos ofrecer una oferta imbatible; ven a pasarlo bien, a ser feliz, a conocer a chicos y chicas que no son tus compañeros del cole. Ven a hacer sonreír a tu mamá y a tu papá, cada vez que juegues un partido. Se lo pasarán bien, como tu. Ven a aprender solidaridad, esfuerzo, trabajo en equipo, respeto y empatía por tus compañeros y por tus rivales. Ven al fútbol. No hay nada mejor.

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